Un motivo por el cual ser judío me produjo siempre sensaciones positivas era la singularidad de esta condición en un ambiente con pocos judíos a mi alrededor. Aún sin ser algo realmente extraño, la condición judía me permitía sentirme diferente, una característica por demás valorada en nuestra cultura occidental. A los coreanos por ejemplo, parece que les pinta más no sobresalir y quizás por eso la diplomacia argentina contemporanea tiene dificultades para diferenciarlos (¿o era a los chinos? ¡son todos iguales!). En algún punto, ser judío era entretenido y desafiante porque me convertía en una especie de guardián con la misión de preservar la tradición.

Ultimamente me estoy dando cuenta, no por mi propia capacidad analítica, sino por encontrarme con la información adecuada, que las cosas no son como yo creía. Yo elaboré mi definición de judaismo por las instituciones que atravesé (familiares, comunitarias, culturales) y me formé la idea de que se trata de una tradición benevolente, ecuánime, culturalmente avanzada, perseguida. Por supuesto esto es parcialmente, situadamente cierto. Hay grupos, individuos, organizaciones judías que efectivamente pueden adjetivarse de esta manera. Pero lo judío es muy amplio, contradictorio, diverso, y también hay sectores, personajes, asociaciones que están en las antípodas, por ejemplo de lo culturalmente avanzado. ¿Entonces qué es lo determinante para clasificar algo como judío/judía? ¿Qué características son comunes y permiten englobar el conjunto? ¿Es posible una definición por comprensión o estamos condenados a la enumeración infinita de la definición por extensión? Para pensar esto les presento a mi herramienta predilecta, el martillo que me permite pensar todos los problemas como clavos, aunque sean tornillos: ¡la realidad tiene bordes difusos! Para explicarlo voy a presentar el problema de la silla, porque todos somos capaces de identificar una cuando la vemos. ¿O no?

¿Cómo le explicamos a un alienígena o a una tribu perdida de judíos que desconoce el concepto, en qué consiste una silla? Las sillas tienen cuatro patas, una superficie horizontal donde apoyar el culo y un respaldo vertical donde descansar la espalda. ¿Puede haber sillas con 3 o 5 patas? Sí, en tanto sirva para sentarse. ¿Y puede la superficie horizontal estar un poco inclinada? Sí. ¿Puede tener un respaldo mínimo? ¿Patas altísimas? ¿Cuándo una silla se convierte en sillón? ¿Cuál es la diferencia entre un banquito y una silla? ¿Es un trono una silla?

Silla

La cuestión es que hay un gran número de elementos con formas, materiales, colores, que claramente pueden identificarse como sillas. Pero hay ciertas combinaciones que están en los límites de poder denominarse así. Quizás a estos elementos le vienen mejor otros sustantivos. Pero de algún modo siguen siendo sillas, al menos para algunos, o para muchos. El lenguaje, en definitiva, es un acuerdo, una arbitrariedad que aceptamos compartir. Esto implica que hay ciertas características centrales que, al menos en un cierto número de combinaciones, determinan que el objeto al cual nos referimos es una silla y no otra cosa. ¿Pero cuáles son y quién define estas características centrales, y cómo nos aseguramos de que todas estén contempladas en la definición, sin olvidarnos de ninguna? Quizás creemos estar seguros de lo que decimos, pero al hablar estamos dejando un tendal de incertidumbres.

Apelemos a la Real Academia Española que define una silla como “asiento con respaldo, por lo general con cuatro patas, y en que solo cabe una persona”. Esto es bastante vago, por ejemplo, ¿si caben dos personas, por ejemplo dos niños pequeños, deja de ser una silla? ¿Y qué es un asiento? La primera definición (de las 24 que aparecen) indica que es un “mueble para sentarse”, o sea que una silla que usamos para dejar amontonada encima una pila de ropa sucia ha dejado de ser una silla. Entre los sinónimos de silla aparecen butaca, mecedora, poltrona, banqueta, taburete, banco, escaño, … parientes cercanos o lejanos de la silla. La apelación a la autoridad del lenguaje castellano me deja más confundido. En inglés pueden consultar la enciclopedia británica (dice que una silla es un asiento con respaldo, destinada a una persona).

Imaginemos ahora un par de piedras que en conjunto presentan una superficie horizontal y otra vertical, pudiéndo una persona sentarse y apoyarse con cierta comodidad sobre ellas, hasta dejar sus piernas sin función de sostén. Podemos preguntarnos si se trata de una silla. Si cumple sus funciones, tiene partes que fungen como asiento y respaldo, entra una sola persona, pero no es un mueble creado para tal fin, entonces: ¿estamos ante el maldito caso de la silla apócrifa y engañosa? ¿Una silla espontánea no puede considerarse como una silla?

Y si la silla sí es un mueble creado para tal fin, cumple con todos los requisitos que le reclamamos, pero sus dimensiones no son estándares y, por ejemplo, dificultan la comodidad de la mayoría de las personas (porque sus patas son demasiado altas, o su superficie horizontal demasiado pequeña) ¿sigue siendo una silla? ¿Una silla mal diseñada no es una silla?

Podríamos intentar ir por el camino de la negación, y señalar con facilidad todas las cosas a nuestro alrededor que no son sillas, por ejemplo un sombrero. Con este movimiento de pinzas podemos asegurar cosas que son indudablemente sillas y cosas que claramente no lo son. Pero la bruma de los bordes entre los conceptos de silla y no-silla sigue ahí, abrumándonos. ¿Por qué es tan dificil definir un objeto tan cotidiano? Y si definir algo tan sencillo parece tan dificultoso, ¿cómo es posible pensar, si para pensar necesitamos palabras que resultan ser tan imprecisas?

Brumoso

Definir lo judío es tan complicado como definir una silla. Y un poco más, si contemplamos que las sillas no cuentan con autopercepción, lo cual agrega otra capa de complejidad al asunto. En mi caso particular, estoy cerca del borde brumoso y dudo de mi ubicación. Soy un judío entrerriano de Schröedinger, o de Spatzenkutter. Mi única respuesta es que hay que amigarse con los límites difusos, no hay que tomarse tan a rajatabla los significados, encumbrar más el entendimiento mutuo y la benevolencia fraterna por encima de los límites geográficos y semánticos (¿lo qué?), aceptar que el conocimiento es imperfecto, que hay cosas que son decididamente intolerables y otras que están ahí en los bordes y tendremos que lidiar de alguna manera creativa con ellas mientras tratamos de que todos sobrevivamos mejor. Una digresión: no soy muy entendido en el tema, pero creo que en el arte pictórico el realismo se logra, en parte, difuminando el borde de los objetos, con lo cual se integran mejor en su entorno. Por contraste, en las historietas, los personajes suelen tener bordes perfectamente delimitados.

Alguien podría proponer subdividir el dominio de una palabra en subdominios más acotados para reducir la imprecisión del término, y de este modo evitar confusiones con efectos negativos sobre la vida de las personas. Podríamos hablar entonces de: 1. judeardos: judíos por herencia, ateos, sionistas, pacifistas de izquierda (aquellos que son judíos por su arbol genealógico, no son teístas, se identifican como parte de un pueblo que quiere vivir en un estado moderno en condiciones de igualdad con personas no judías). 2. silluerzas: sillas creadas a partir de madera para dar asiento a personas de estatura baja a mediana, que pueden moverse a distintas ubicaciones sin esfuerzo. 3. judeoxos: judíos ortodoxos que esperan al mesías para la restauración de un reino propio en el cual los gentiles serán esclavos. 4. silluedas: silla con ruedas, cuya superficie horizontal es flexible pero resistente, sin motor, construida en base a metales livianos que permitan la locomoción de personas con dificultades motrices. 5. etc.

Recuerdo haber leido que el lenguaje del pueblo Selk’nam (los que en la escuela de la década de 1980 llamábamos “Onas”) identificaba con palabras distintas decenas de animales marinos sin contar con vocablos que condensen sus características (como por ejemplo “peces”), y acá mi memoria es brumosa, también contaban con un gran conjunto de palabras distintas para referirse a distintas formas, colores y estados de la nieve, sin contar con el equivalente a la palabra “nieve” (quizás estoy mezclando con conceptos del idioma de los samis escandinavos o de los inuit groenlandenses y esperemos que no próximamente yankis, no estoy seguro). Esta abundancia de términos era vista como algo negativo o limitante para los autores del documental o del texto que vi o leí. Sin embargo, a la luz de las dificultades que tiene definir con un mismo término un gran universo conceptual diverso, parecería un gran salto adelante, aunque requeriría un arduo trabajo para los linguistas del mundo.

Veo que una cosa lleva a la otra, así que el judaismo acá ha servido para los estudios del lenguaje. Gracias judaismo, creo que me estoy reconciliando contigo. (Atento estimade lector/lectora/lectore: no confíe en los judíos, son seres huraños, complicados y traicioneros, asesinos de Cristo, que tratan de confundirle con ardides y malabares mentales, con el único objetivo de quedarse con su Patagonia). Les dejo de tarea definir qué entienden por judío sionista, a ver si es tan así.