Hoy es 7 de octubre, pasaron 2 años de la masacre materializada por los palestinos de Hamas. Que los palestinos devuelvan a los rehenes y a los cuerpos de los asesinados, que los israelíes devuelvan presos y dejen de matar gente…
A veces uno cambia de ideas tan gradualmente que no sabe en qué momento ocurrió esa modificación en la forma de entender el mundo. No es este el caso. Lo que ocurrió posteriormente a esa fecha, la sumatoria de hechos y declaraciones, de noticias y conversaciones, ha sido el desencadenante y me permite una precisión notoria porque tengo fechados mis escritos. En el último Ser Judío Hoy - Parte 3 ponía en pie de igualdad la existencia de estados confesionales desiguales y persecutorios para señalar el velado antijudaismo que implica marcar el sionismo como racismo mientras se ignora y se calla frente a otros estados y grupos persecutorios, racistas y masacradores (los estados árabes expulsaron a sus judíos después de 1948, Irán lo hizo después de su “revolución islámica” de 1979, y entrado el siglo XXI en Yemen el slogan vigente es “Alá es grande, muerte a América, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria para el Islam”). La cuestión es que un crimen no justifica otro crimen, así que en lo que a mi respecta, conociendo la diversidad de persecuciones y horrores de otros países, siento cada vez de modo más intolerable los crímenes del Estado de Israel. O sea, en algún momento, entre aquel escrito y este, se me detonó la identificación judeo-israelí, lo que era duda se convirtió en convicción, me dejó de resultar atractiva la noción de mi condición histórico-nasal y me ha ganado el deseo de una apostasía total.
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